Paloma Ripollés
Mi pintura surge de una profunda conexión con la naturaleza, la luz y la emoción. A través del color, la textura y el gesto, transformo lo cotidiano en imágenes llenas de intensidad, armonía y verdad. Mi obra, situada entre el naturalismo y el impresionismo fauvista, combina control e intuición para crear un lenguaje personal, vibrante y auténtico.
Pintar es mi forma de querer el mundo. A través de la pintura exploro la naturaleza, la luz y aquello que me conmueve de lo cotidiano, transformando la observación en una experiencia emocional y plástica. Mi obra nace de una relación profunda con lo que me rodea, con la belleza que descubro en el aire, en un jardín, en una flor o en una atmósfera silenciosa.
Trabajo desde la materia, el color y la superposición de capas para construir imágenes donde conviven la intuición y el oficio. Me interesa que la pintura conserve la huella del gesto, la vibración de la textura y la energía de lo espontáneo, sin perder equilibrio ni armonía. Cada obra es un proceso de búsqueda en el que lo visible se convierte en algo más íntimo, más verdadero y más esencial.
Mi pintura no pretende describir la realidad de manera literal, sino interpretarla desde una sensibilidad personal. Busco crear espacios de contemplación donde el espectador pueda detenerse, respirar y reencontrarse con una belleza sincera, libre de artificio. Para mí, pintar es una forma de expresar lo que siento y de compartir una visión del mundo que nace desde dentro.
No busco copiar la realidad, sino reinterpretarla desde lo que me conmueve. Pinto aquello que me hace sentir viva: la belleza, la atmósfera, la flor, el paisaje, la huella del tiempo. Cada cuadro es una manera de detenerme, de respirar y de compartir una visión sincera de mi mundo.










