Marta Besada
Cuando estaba en quinto de EGB supo que quería ser escritora. A día de hoy, metida en la cuarentena sabe que fue la idea más certera que ha tenido.
Con los años, descubrió el realismo mágico de García Márquez y un lugar llamado Macondo. Con ello, su idea de jugar con las palabras adquirió un matiz propio, y es que solo quería narrar historias, y crear así su propio Macondo y que la gente quisiese tener un pedacito de él.
Ingresó en la facultad de Bellas Artes buscando aquel realismo mágico a través del color y el lenguaje del arte. Entonces Kavafis y su Itaca se tatuaron en su piel así como un camino infinito de búsqueda de su propio lenguaje.
Salió de la facultad pintando el paisaje gallego que bien conocía y todo tipo de retratos; estos volaron a París y Nueva York, donde fueron expuestos haciendo volar su nombre más allá de las fronteras que conocía.
Con el tiempo se dio cuenta que su Macondo no estaba ahí, y lo peor de todo, no tenía ni idea de cómo encontrarlo y transitar el camino que la llevaría a él. Así que guardó sus pinceles en un cajón y la casa dejó de oler a trementina y aceite de linaza por años.
Ese tiempo transcurrió entre libros, cuadernos de campo, viajes, mudanzas y una familia propia que crecía. A la edad de treinta y cuatro años rescató parte de sus pinturas, un caballete e imágenes que reinventar. Todo fue muy pausado, temeroso y necesario.
Muchos años después, frente a sus pinceles y una paleta vacía, había de recordar aquellos tiempos en los que creía haber visto Macondo a lo lejos.
No hace mucho aprendió que aquellos años sin las manos llenas de pintura, eran el preludio que la llevaría a entender su viaje y a descubrir que en realidad ya estaba en el camino correcto.
Un sueño y Lucio Fontana hicieron el resto.En su obra busca esas palabras que cuentan cada historia a través de los diferentes tejidos, las líneas, los colores, y las telas colocadas sobre el bastidor generando en el espacio una escenografía que juega con la luz.
Lo volátil, lo que creemos banal, adquiere la importancia de una vida. Porque en cada historia individual se encuentra el secreto de esa gran historia colectiva.



