Santiago Izquierdo

Pintor de formación autodidacta, ha atesorado en años de trabajo el Curriculum preciso para:

descifrar los colores del viento,

medir el rojo de la tierra y el acento del sol,

saber en qué cruz del horizonte muere el último surco,

descubrir el corazón rojo de la tierra, la fuerza de la tierra,

apresar el instante de magia en que se incendian los chopos, …

y después pintar los sueños con lluvia de luces,

con infinita soledad.

Es en el paisaje donde ha encontrado un lenguaje personal mediante un tratamiento lírico del paisaje de Castilla, al que ha elevado a categoría universal. En él, una de las claves es la luz que, natural y vigorosa, aporta sensaciones y emociones a la contemplación del paisaje.

El artista parte de un paisaje naturalista para llegar a un esquematismo compositivo que se convierte en muchos cuadros en representaciones abstractas de los paisajes. La pincelada se suelta, se refuerza con materia y la composición se deshace en planos dominados por la fuerza del color, lo que conduce a una interpretación abstracta del paisaje. El pintor, intenta reflejar en sus cuadros la esencia, el alma de la tierra. Quiere ser, más que otra cosa, un seductor de la imaginación.

Hay en sus pinturas una fuerza interior, un ritmo, una cadencia que captura la mirada del espectador y le obliga a transitar por el cuadro, a sumergirse en él, a disfrutar del singular espectáculo pictórico. Ya no hay objetos que definir ni atmósferas que crear, sólo color que empujar hacia su libertad. El color consigue ya ser dueño por completo de la composición, creando su propia atmósfera con su misma luz. Aquí reside el acierto de la pintura de Santiago Izquierdo.

 

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